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miércoles, 16 de mayo de 2012

Beto continuación ...


REINICIAR

La llegada a Alajuela fue lo peor, no teníamos casa, ni muebles, ni nada y posiblemente ni plata, porque, la estadía en el puerto fue larga y sin ganar nada, seguro, la plata recaudada con la venta de los muebles y otros, se fue en gastos de alimentación, medicinas y muchas cosas más. Gran problema para mis padres, seguro, durante todo el viaje, venían manejando posibilidades y, al llegar a la Estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico en Alajuela, nos bajamos y, sin transmitirnos preocupación alguna, nos enrumbamos hacia el parque, al llegar a éste, buscaron un poyo bajo la sombra de los árboles de mango, papá acomodó las maletas y le dijo a mamá, quédese aquí con los güilas, ya regreso nos dijo y se fue rápido. Le preguntamos a mamá ¿a dónde va? Y nos respondió; ‘a buscar a los hermanos ya regresa’.

“La familia de papá toda vivía en Alajuela, a los abuelos, por parte de él, no los conocí, cuando nací ya habían muerto, se llamaban Joan y Centa, él era músico y ella ama de casa, procrearon ocho hijos, cinco varones y tres mujeres. Los varones eran: Manolo, Administraba el Correo y, para obtener un ingreso extra, tenía un taller de reparación de imágenes, muñecos,…, y pintaba retratos y cuadros, Lindor, trabajaba como Operario en la construcción de escuelas, Ministerio de Fomento (hoy, MOPT), Moncho, Trabajaba en la bananera, papá (ya descrito) y Bienve, era educador, por lo general trabajaba en escuelas rurales y las mujeres Juanita, era enfermera, trabajaba en el Hospital de Alajuela, Rosita y Ninfa, oficios domésticos.

Bienve y las tres hermanas eran solteros y se mantenían como el grupo familiar original, Bienve y Juanita, por tener ingresos fijos, financiaban los gastos; Rosita y Ninfa realizaban los oficios de la casa o sea, como grupo familiar se complementaban. Manolo y Lindor eran casados y tenía ingreso fijo, por eso, a pesar de la crisis, se encontraban relativamente bien. Moncho no tenia puesto fijo, pero, como era soltero, se iba a trabajar a las fincas bananeras y, cuando venía a visitarnos, aparentaba estar muy bien, no tenía ningún problema. Papá, por lo ya comentado, era el más afectado con la situación económica entonces imperante”.

“Acomodo temporal; era lo buscado por mis padres en ese momento y, con ayuda divina, lo consiguieron. A penas comenzando a corretear por las calles internas del parque y con ello, recordar los paseos dominicales, cuando nos llamaron y nos dijeron: ‘Vámonos para la casa de Tío Manolo’ y recogiendo las maletas nos fuimos.

Mi Tío vivía de los lavanderos públicos, conocidos como ‘El Arroyo’, 150 m. al Este, casa de bahareque a mano izquierda o sea, nosotros, de la esquina noroeste del parque donde estábamos, para llegar a ‘El Arroyo’, teníamos que caminar 200m al Este y 400 m al Sur, luego los 150 m Este para llegar a la casa de mi tío. El terreno era vasto y la casa tenía un corredor espacioso en la parte posterior, al cual, por un pasillo lateral, se podía ingresar sin pasar por la casa. Papá, seguro por ser una de sus alternativas, lo pidió prestado por mientras resolvía su grave problema (conseguir casa). Aceptada la petición, gracias a la bondad de Tío Manolo, ahí nos refugiamos y después de unos días, incómodos e incomodando, por fin, pudo conseguir una casa, no ideal, pero, ante la emergencia, aceptable”.

“En esa casa (ubicada 120 m Sur de la Iglesia de la Agonía sobre la calle ancha, mano derecha, propiedad de doña Silvia,  construida de bahareque y madera); con algunos muebles hechos por papá, una mesa con seis bancos y unos camones (camas rústicas, construidas con  2 largueros unidos a 2 cruceros formando el marco donde van las tablas de soporte y 4 patas para levantarlo), cubiertos con esteras (formadas por varias pleitas de palma cocidas, utilizadas para dormir en el suelo), un anafre para cocinar con carbón (hornilla doble de barro) y un fogón en la cocina. 

Con la casa así amueblada y conscientes de no ser esa la solución definitiva, pero, por las circunstancias, de momento era lo mejor y ahí nos acomodamos para reiniciar. No fue mucha la permanencia, sin embargo, en ella,  nos llevamos un par de sustos. Primero, cuando casi se muere Manolo: En el transcurrir de un día normal, al final de la mañana, casi a la hora de almuerzo; estaba en el patio con Manolo cuando llegó Luisal (hijo de la propietaria de la casa y unos tres años mayor a Manolo), quién, entre otras, nos contó sobre un juego nuevo llamado ‘tieso’. Manolo, interesado en conocerlo, accedió a realizarlo, Luisal lo tomó de las manos y le dijo, manténgase lo más tieso que pueda y comenzó a girar, al momento Manolo agarrado de las manos de Luisal parecía  volar… Estaban en eso, cuando mamá nos llamo para almorzar, corrí a la casa… Luego, como Manolo no llegaba, mamá lo llamó de nuevo sin resultado alguno (ni contestó ni llegó), entonces, mamá  se asomó al patio para indagar lo sucedido, al verlo recostado a la pared del baño, se fue a traerlo y al intentar  tocarlo, se le vino encima, estaba totalmente rígido, ella gritó pidiendo auxilio, al oír el grito yo corrí y, al llegar, lo vi muerto, estaba pálido y tieso, la misma rigidez mostrada cuando volaba asido a las manos de Luisal. Al llamado de auxilio acudieron varias vecinas y entre todas, mamá y las vecinas, corriendo se llevaron a Manolo para el cuarto. En seguida, convirtieron el cuarto en lugar de imploración, sólo se oían suplicas, oraciones, promesas,… Salían hacían menjunjes, los calentaban y corrían de nuevo al cuarto,…, era un caos. De pronto salió mamá y me dijo: Beto, necesitamos al Dr. Villalobos, búsquelo en el consultorio. Por lo visto, lo oído,…, sentí la urgencia y corrí.  Él tenía el despacho al costado Norte de la iglesia La Agonía, llegué y no estaba, empero, como éramos conocidos, le dejé el recado y regrese. Al llegar, apenas pude darle razón  y, dándome tres posibles direcciones, mamá me mandó a buscar a papá… Cuando papá y yo llegamos, ya estaba en paz la casa, mamá le contó a papá lo sucedido, incluyendo la visita del Doctor, quién, después de examinarlo, le diagnosticó tétano, lo inyectó de inmediato y para el tratamiento, dejó medicamentos e instrucciones y cuando le dijo ‘El Doctor pidió dejarlo tranquilo, ‘en mis adentros pensé, por dicha, porque, con ese rudo tratamiento inicial, no hubiera aguantado… Efectivamente, al día siguiente, apenas despertó, señalando la nuca, dijo: ‘Mamá, me duele mucho aquí’ y al  revisarlo, pobre…, la tenía en carne viva, los menjunjes calientes y las fricciones con la cobija, lo pelaron. Bueno, por su benévolo gesto, debo darles el merecido mérito diciendo: ‘Pero, gracias a ello, con vida’. Segundo, a inicios de octubre, ese mismo año, un fuerte temblor botó la fachada (una pared vieja de bahareque) y, literalmente, Manolo y yo quedamos entre los escombros, pero, de milagro, sólo nos cayeron los terrones, el esqueleto de la pared se sostuvo con un ropero y nos salvamos. Sólo fue un susto....”

“Papá, como esa casa no cumplía las expectativas, estaba buscando una acorde a nuestras necesidades y posibilidades. Pero, ante lo ocurrido (quedamos sin fachada, es decir, en la calle), debió decidirse rápido y así fue, nos trasladamos a otra casa (ubicada 20 m. al Norte y 250 m al Oeste de donde estábamos), más cómoda y con campo para la huerta, la chayotera, las gallinas,…”

“La nueva casa; realmente si nos gustó, era metida y en alto (de la acera a la casa había: 10 m en lo horizontal y 1,50 m en lo vertical). Esta área es para el jardín, dijo mamá al llegar y así se hizo. La casa estaba cómoda, llenaba las necesidades y el patio bastante grande, con árboles de aguacate, mango, naranja, chicasquil, la cerca tenía itabos a lo largo, con una palmera de pejibaye al fondo y al final, lo atravesaba la acequia. También había chayotera, sólo faltaba la huerta y de inmediato, manolo y yo, la sembramos. Poco a poco se fue poblando el patio con gallinas, patos, chompipe,…, desde luego, sin faltar el perro, ‘Pachuco’, muy buen cuidador y la lora,  ‘Lorenza’, muy divertida y con sus cantos y cuentos animaba el ambiente, pero, por otro lado, se entretenía haciendo travesuras, como quitarle los botones a las camisas (sin dañar la tela), imagínese…, cuando uno llegaba a ponerse la camisa y no tenía ni un botón…, o, carboneando a mamá cuando nos pegaba, desde donde estuviera gritaba fuerte e insistentemente; ‘dele duro Mina, dele duro…’ o ‘péguele más Mina, péguele más…’ y, lo peor, mamá le hacía caso… Sin embargo, a pesar de todo, la queríamos, era parte de la familia.

Mamá, pensando en seguir buscando el cinco, pidió le hicieran el horno para continuar con su actividad, la venta de pan D’ MINA  y se le hizo.  Así, contando de nuevo con lo perdido cuando nos fuimos para el puerto, nos sentimos recuperados y dispuestos a seguir la lucha.”

“Volver a la superficie; después de casi un año de andar en lo profundo, fue el gran logro, el final de una dura aventura… A inicios del año 1942, cuando, procurando mejorar, mis padres decidieron zarpar hacia donde creían les calentaría más el sol y, aunque el puerto es más caliente, para sus objetivos estaba congelado, no les brindó el calor por ellos requerido. El resultado fue inverso, con ese fallido intento, caímos en lo profundo de la crisis, se nos agravó la situación. Por suerte no se arrugaron, ellos siempre decían: ‘Al mal tiempo, buena cara’ y con eso, a su manera, nos inculcaban no desmayar nunca, para avanzar deben hacerle frente a todo y en este caso, aunque muy duro, lo lograron, antes de finalizar el año, nos sacaron a la superficie y, acorde a sus posibilidades, nuevamente nos brindaron el ambiente acostumbrado… Enmendaron el error a puro esfuerzo y sacrificio o sea, ejemplarmente.”

“Actividades en grupo; seguro por estar ya un poco grandes (Manolo ya casi tenía los siete años, el 14 de diciembre los cumplía, y yo tenía cinco y medio), nos incluían en ciertas actividades para generar ingresos, divertirse o celebrar alguna fiesta religiosa. Las cuales, por su doble objetivo, hacer y disfrutar, se realizaban en grupo (familiar y/o de vecinos). Esta buena costumbre se mantuvo mucho tiempo y, el grupo familiar crecía en concordancia con el crecimiento de la prole, cada güila, entre cinco y seis años, podía incorporarse al grupo. De ellas Recuerdo…”

“-Las cogidas de café; mamá, para poder ir al cafetal, se levantaba muy temprano y, además de los quehaceres de la casa, hacia comida para dejar y para llevar, a las seis de la mañana, cuando llegaba una vecina a quedarse con los güilas, nos íbamos, mamá-Manolo y yo, rumbo al cafetal, estos estaban cerca, en el perímetro de la ciudad, recuerden, uno de los atractivos del paseo dominical por la Calle Ancha, eran los cafetales con sus hermosos árboles…, y eran varios: el de Los Meza, Luis Montenegro, Toño García…  Al llegar, el mandador de la finca le asignaba una fila a cada cogedor y todos a trabajar; cada uno, con el canasto fijo a la cintura, cuidadosamente (si aparecían daños en su fila, fuera, no le asignaban más), jalaba una rama cargada de rojos granos de café y comenzaba a despegarlos hasta llenar su canasto y, sin dilación, el café se depositaba en un saco e inmediatamente de nuevo a llenarlo. Esa labor se repite  durante el día y entre mayor destreza en su ejecución, mejor, porque, a más recolección, mayor retribución. Por eso, además de su rapidez, mamá nos llevaba como ayudantes y así, entre los tres, llenábamos muchos canastos durante el día. Era una actividad muy bonita, a mí me gustaba mucho, pues pasaba el día en ambiente totalmente natural, jugando de quitarle a la mata el maduro fruto y dejarlo caer al canasto… algo aportaba y al finalizar la jornada, cuando ella entregaba los sacos al grupo de medición e iniciaban el conteo (con su tradicional medida cúbica equivalente a una cajuela), iban pasando el café de cada saco a su carro o carreta y mamá, concentrada en la operación, conforme iba creciendo el número de medidas, su expresión facial irradiaba mayor felicidad, seguro, mentalmente, iba dando solución a algunas carencias familiares. Para mí, como niño, la medición no significaba nada, pero, su expresión, si me comunicaba algo bueno y eso me impulsaba a seguir ayudando, a seguir aportando a ese afable resultado. Por Cada cajuela recibida, le entregaban un boleto previamente valorado y, ese mismo día o al finalizar la semana, en la Oficina de la Finca le convierten los boletos en dinero. Claro, ahora me doy cuenta, como ella siempre andaba buscando el cinco para ayudar a aumentar el deficitario ingreso familiar, el conteo la ilusionaba porque, como habíamos dicho, ‘más boletos = más dinero’ y para ella, sin duda, eso significaba, ‘más ingreso = menos problemas.‘  Y tenía razón, en esos tiempos de crisis, cuando no se conocía el aguinaldo, no había horas extras…, el ingreso extra generado por  esta actividad era la salvación de muchas familias, servía para cubrir gastos de diciembre, de reposición de ropa para el año siguiente, de uniformes y útiles escolares,… Era la salvación de muchos… Nosotros, por verlo como un medio de financiamiento familiar, año a año íbamos y con el tiempo, Manolo y yo, nos convertimos en cogedores y los chiquillos más crecidos, venían como ayudantes… Toda una empresa familiar, bajo el lema: ‘Entre más vamos, más ganamos’.  Después, para cuidar los sacos y tener entretenimiento, hasta el perro y la lora llevábamos… 


Un detalle interesante a recordar, cuando ingresamos a la Escuela, no tuvimos problema para participar en las cogidas, porque, el Ministerio de Educación, al montar los cursos lectivos para las zonas cafetaleras, consideraba el periodo de la cosecha y así, hacían coincidir la finalización del curso con el inicio de la cosecha”. 


Las serenatas, en casos formales se contrataba uno de los buenos ‘Tríos’ de la época y, sin duda, se aseguraba el éxito. Sin embargo, para pasar el rato y compartir con vecinos o amigos, existía una bonita costumbre, hacer un grupo e ir a cantar frente a la o las casas de familiares o amigos, eso se hacía en las noches de verano y con la claridad del plenilunio, porque, aunque el ambiente era seguro, la oscuridad reinante por la crisis eléctrica, salvo una emergencia, no daban ganas de salir por la noche. 

En el vecindario nuestro, cuantas veces se podía, se organizaba el grupo para dar serenatas y, como mamá era la cantante, siempre la invitaban y nosotros íbamos de cola. Era una actividad muy agradable, la disfrutábamos mucho. Al regreso de la o las serenatas, venia el grupo dando bromas a los vecinos, como las casas eran abiertas (algunas  con una media cerca para evitar el ingreso del ganado a dañar sus siembras, pero de fácil acceso), intercambiaban muebles y matas de una casa a otra, simplemente por molestar, la gente ya sabía y cuando daban serenata, si había intercambio, simplemente lo aceptaban como una broma y reacomodaban las cosas.

-Para Navidad; época de compartir, se dan dos actividades bonitas para trabajar en grupo:

a) Hacer el portal; para ello, además del Pasito - los Ángeles y la estrella, era necesario buscar lana, papel para los encerados, ocres de colores, goma (Hecha en casa y en cantidad suficiente para engomar todo el papel para los encerados), figuras para adornarlo,…, y, sobre todo, hacerlo con gusto e inspiración, como si fuera una obra de arte…, y el creativo, como conocedor de la idea, dirigía la obra y los demás le ayudaban.

b) Hacer los tamales; otra actividad familiar muy bonita y, en ella, todos participábamos. Unos cortando y preparando las hojas, otros yendo a moler el maíz (lo mandaban con asiento de chicharrón, así la masa venía aliñada), preparando la leña y el fogón para cocinarlo (en lugar seguro, se colocaban tres piedras grandes de altura similar y, por los tres espacios libres resultantes, se acomoda la leña para lograr una buena combustión, luego, haciendo ajustes para lograr su estabilidad, se colocaba el recipiente para cocinar los tamales, en  casa utilizaban una lata (embase para comercializar la manteca y con dimensiones ideales para ese fin). Por último, para confeccionar los tamales…, en una mesa grande se ponían las hojas, las amarras, la masa, la carne, los chiles y demás ingredientes del tamal. Con todo listo y nosotros distribuidos a lo largo de la mesa según la labor a realizar en el proceso; mamá iniciaba poniendo la masa requerida en la hoja y la pasaba, el siguiente le ponía la carne, el otro el huevo duro,… y, para completar el proceso, al final estaban los responsables de envolver, amarrar y depositar en la lata preparada para cocinarlos. Llena la lata y con el agua requerida, se ponían a cocinar,…, y después a disfrutar.

-Para semana Santa; siendo el “Jueves y Viernes Santo”, además de días de ayuno, feriados muy respetados, en ese tiempo se consideraban Días Santos y por reverencia nadie trabajaba, ni siquiera en los oficios caseros (menos dar tundas, a quién hacia algo fuera de la regla, lo llamaban judío y lo arrodillaban en una esquina de la casa sobre granos de maíz). Por eso, con anterioridad, se preparaban los alimentos para el sustentamiento de esos días. Eso originaba una actividad previa con la participación de todos: a) Preparar la tradicional miel de chiverre, ello incluía; comprar el chiverre, sancocharlo, majar la pulpa sancochada, colgarla en una manta  para que se escurriera, cocinarla con dulce hasta darle el punto de la miel. b) Preparar las comidas ligueras; pan casero, biscocho, empanadas de chiverre, tamal mudo,… y, para completar, comprar sardinas, atunes,…, y el bacalao para dejar preparada la súper-sopa. Así, con una buena trabajada en grupo, todo quedaba listo para, sin necesidad de cocinar en esos días, pasarla de lo más bien y con tiempo para ir a las procesiones.

Los efectos de las políticas tomadas; incomodidades y dificultades, afectaron tanto a nivel familiar como empresarial, por eso, para completar las narraciones de lo vivido en esa parte dura de la infancia y antes de iniciarme en la escuela, les contaré un par de memorias al respecto. Recordemos, dentro de las políticas tomadas por consecuencia de la guerra, estaba ‘Reservar existencias nacionales de víveres y artículos básicos,…’. En acatamiento a ella, algunos artículos eran de compra restringida, por lo cual, para adquirir lo autorizado, se requería paciencia y tiempo para hacer fila. Empero, tratándose de una mini empresa, con requerimiento mayor al permitido, debía ingeniarse el  modo para adquirirlo.

-En lo familiar, había muchos productos con restricción de compra, pero, seguro por la edad, sólo participaba en la adquisición de una caja con galletas muy parecidas a las sodas actuales, de venta ocasional y ambulante, las traían en un camión cerrado y con una puerta trasera, se estacionaba en el costado Este del Mercado, en Alajuela, y, al abrir la puerta para iniciar la venta, se veía totalmente lleno de cajitas de galletas. La fila de compra era larguísima, porque, como lo autorizado era unicamente una caja por persona (incluyendo a los niños, por eso nos llevaban), de cada familia, nosotros incluidos,   iban todos los miembros posibles, física y financieramente, así nos surtíamos para varios días.

-En la mini empresa; por la misma restricción, utilizaban el ingenio para resolver las dificultades de adquisición, también por la edad, sólo viví un caso de los muchos…, y, para dejar testimonio, lo voy a narrar.

-Mis padrinos, Felo (trompetista en la Banda) y su hermana Mira (maestra) vivían de la esquina de la cárcel (hoy Museo Juan Santamaría), 100 m. Norte y 50 m. Este (casa de bahareque a M.I) y el esposo de mi madrina, Memo, tenía una ‘fábrica de jalea’ en el fondo del patio. El dulce requerido para la elaboración se lo entregaban directamente en la fábrica, pero, cuando entró la restricción, el proveedor no podía continuarle el servicio, debía entregar el producto según lo dispuesto por decreto. Sin embargo, considerándolo buen cliente, decidió jugarse el riesgo y continuar surtiéndole el dulce directamente en el trapiche, nada más o sea, la responsabilidad del transporte era de Memo.

Aceptado el negocio, Memo se ingenió un plan medio macabro, compró un cajón con forma de ataúd, con dimensiones ajustadas a su camioneta de trabajo y una corona de flores plásticas, con esos preparativos y la complicidad de mis padres, cuando se requería traer el dulce, íbamos muy temprano al trapiche (muy cerca de Alajuela), llenaban el ataúd de dulce y regresábamos. Luego, en un lugar cercano a casa y totalmente solitario, estacionaba la camioneta y en segundos, todos abajo, Memo, con los trabajadores de la fábrica, alzaban el ataúd, bien pesado por cierto, y Manolo y yo llevábamos la corona, así, simulando un entierro, caminábamos rumbo a un lote vacio y medio encharralado, del cual, su fondo, colindaba con el patio de casa (a diario lo usábamos para acortar distancia), y por ahí ingresábamos. En el corredor trasero de la casa, Memo tenía unos ‘estañones’, con tapa de cierre hermético y en ellos guardaba el dulce para, según necesidades, ir llevando a la fabrica lo del gasto inmediato, en seguida, soltando unos pines,  convertían el ataúd en piezas de fácil manejo y diferente apariencia, así, memo y sus trabajadores, cargando las piezas se iban y hasta la próxima… 




Continuará…

jueves, 3 de mayo de 2012

Cambio de costumbres


“Acostumbrado ya a lo bueno de esos primeros años de mi infancia y faltándome aún casi la mitad de esa etapa por recorre, de pronto y sin razón aparente, mis hermanos y yo sentimos un cambio en las costumbres familiares,  los paseos dominicales se suspendieron porque papá tenía que trabajar…,  las ocasiones de juego eran escasas porque nos asignaron actividades caseras…,  la variedad de alimentos disminuida porque sólo eso había,…,… En fin, para nosotros, lo anterior era mejor, pero, sin otra alternativa, debíamos acostumbrarnos a la nueva rutina”. 

COMENTARIO: “Realmente en aquel entonces no sabíamos por qué y aunque nos lo explicaran no lo entendíamos, era algo incomprensible para nosotros. Sin embargo, observando lo ocurrido Vs lo vivido, en esa época se debe resaltar la proeza de aquellos padres que, como  responsables de una familia numerosa y sin un ingreso fijo, debieron afrontar el desmejoramiento de la ya precaria economía nacional para, con esfuerzo y sacrificio, mantener a flote a su prole.

-Lo ocurrido: A nivel general: La Segunda Guerra Mundial (1939-1945), aunque su desarrollo fue  lejos (Europa, Asia,…) y los efectos directos relativamente pocos (entre otros, podríamos mencionar: El hundimiento del buque mercante San Pablo de EE UU – Limón, julio’42-, tras el ataque de un submarino Alemán. Y la disminución de exportaciones por transferencias a la guerra…); las consecuencias indirectas si nos maltrataron. Y, a nivel local, algunas políticas tomadas por el gobierno de entonces, presidido por el Dr. R. Calderón G. (entre otras podemos mencionar: confiscación de capitales - declaratoria de guerra – medidas para reservar existencias nacionales de víveres y artículos básicos,…). Las consecuencias indirectas de la guerra y las directas de las políticas tomadas, fueron las causantes del desmejoramiento mencionado. 

-Lo vivido: Lo ocurrido afectó a toda la población, el cambio de costumbres fue general, pero, acorde a ingresos, de variable impacto o sea, el mayor golpe fue para las familias sin ingresos fijos y, entre ellas, a mayor prole–mayor impacto. Es algo natural, un bajonazo en la economía, obliga a todos a ajustar sus gastos y esos ajustes conllevan a suspender lo no prioritario. Por eso, las familias de ingresos fijos, para hacerle frente a la crisis suspende la compra de servicios (albañilería, carpintería,  pintura, otros,…) y, quienes vivían de la venta de esos servicios, las familias sin ingresos fijos, eran las afectadas directas, los responsables de ellas tenían que agenciárselas ‘para cumplir’ y, entre más prole, mayor problema.

En concordancia con lo anterior, para mostrar las angustias de las muchas familias directamente afectadas por esa causa, basta con referirse a una de ellas. Por eso, antes de narrar las vivencias post-desmejoramiento…,  contaré lo sentido y lo actuado en mi familia, resumido en, la razón de lo ‘incomprensible para nosotros’ (sentir infantil) y las congojas de mis padres para, después de semejante golpe, lograr ganarse el sustento familiar. 

- Los paseos dominicales se suspendieron porque papá tenía que trabajar, ahora comprendo, no tengo duda, trabajaba hasta los domingos para poder cumplir. No sé como hacía, se dedicaba a prestar un servicio que, en tiempos de crisis, lo calificaban de no prioritario y listo, lo dejaban esperando mejores tiempos. Sin embargo, me acuerdo, él siempre salía y a veces muy temprano, seguro a trabajar en su ocupación habitual o en lo que fuera, cuando salía muy temprano, posiblemente había conseguido algún contrato fuera de la ciudad (Santiago, San Josecito, San Antonio,…), y, como el servicio colectivo era escaso e inoportuno, tenía que ir a pie. Y, no siendo suficiente el ingreso así recaudado, trató de aumentarlo con su segunda posibilidad ‘las marionetas’. Para ello, por contratación previa o a jugarse la suerte en algún turno u otra actividad comunal, los sábados y domingos viajaba a diferentes partes del país para realizar presentaciones…, y entre semana, cuando en alguna familia pudiente lo contrataban para una presentación en un cumple años u otra actividad familiar, se presentaba. 

Las ocasiones de juego eran escasas porque nos asignaron actividades caseras,  claro, por lo duro de la situación, mamá (quién siempre decía Debemos buscar el cinco donde esté… con eso nos  inculcaba: ‘No lo esperen…, busquen lo necesario donde esté’), también hizo un gran esfuerzo para aumentar los ingresos y, sin descuidar los quehaceres rutinarios, inició una nueva actividad, hacer tortillas y pan casero para vender. Aunque siendo este un trajín totalmente casero, requería su tiempo para atenderlo y, para darse oportunidad, nos asignó algunas rutinas del  hacer diario (cuidar los chiquillos, barrer,…, todas a nuestro alcance). Fue interesante porque, además de ayudar a la solución, aprendimos a realizar esas rutinas y, con el transcurrir de los años, nos han sido de utilidad.

Otra cualidad de ella, digna de recordar, era su habilidad para los masajes curativos, aunque era ocasional y sin cobrar, siempre recibía algo para aumentar sus ingresos. 

-La variedad de alimentos disminuida porque sólo eso había, definitivamente sí, eso fue una realidad y como niños la sentimos. Sin embargo, ante la estrecha realidad, ellos trataron de proveernos los nutrientes necesarios para un crecimiento saludable, eso sí, con una dieta balanceada e integrada por alimentos básicos tradicionales y de bajo costo”. 

“Creo que con estas incomprensibilidades infantiles y la proeza realizada por los padres para salvar a su prole, se pueden formar idea de lo sucedido y luego, al contarles las vivencias post-desmejoramiento, con detalles y decisiones fuertes por ellos tomadas, podrán ampliarla”.

“-Por justicia, antes de seguir, hago un reconocimiento póstumo a todos los padres afectados por esa difícil época y en especial a los  míos. Ellos, con su valentía, esfuerzo y sacrificio lograron la proeza, sacarnos a flote.  Su estadía en la tierra fue dura. ‘Que descansen en paz. Amén’…”

ESOS TIEMPOS CRÍTICOS

“Los cambios sentidos por nosotros (Manolo y yo, los chiquillos no…), seguro indirectamente externamos nuestro sentir; porque, mis papás, en una para nosotros parla (por la edad me quedó poco), pero, por el énfasis de ellos en ciertos puntos, sí entendí de prepararnos para el cambio, porque había un problema con la plata y sólo con el tiempo se arreglaba. Por eso, nos dijeron, mientras el tiempo hace lo suyo necesitamos trabajar más y gastar menos o sea, vamos a variar algunas costumbres (de inmediato pensé: paseos, juegos y comidas), y, así fue, suspendieron los paseos, nos asignaron rutinas y anunciaron variantes alimentarias.

Bueno, lo transmitido fue suficiente para entender la realidad, debemos aceptar lo sentido o sea, dándole tiempo al tiempo, nos fuimos acostumbrarnos al cambio”.

-Rutinas asignadas: “A Manolo, por ser el mayor (poco menos de 6 años), le asignaron las tareas y a mí me correspondió, además de  ayudarle, entretener a los chiquillos (Virgi y Chus). Manolo, para darle oportunidad a mamá de atender su nueva actividad, le correspondía mantener limpia la casa (era con piso lujado, fácil de limpiar), darle mantenimiento a la huerta y al jardín (en eso nos entreteníamos mucho, era como jugar con tierra) y los mandados cercanos”.

“-Los alimentos, para cumplir con los tiempos diarios, los distribuyeron así: Desayuno; iniciando la mañana, aguadulce con pan casero D’-Mina (recortes y piezas no presentables para la venta…) y, cuando era posible, le agregaba algo más. Refrigerio; a media mañana, por lo general, nos daban una fruta (la de temporada, por barata) o un vaso de fresco. Almuerzo; al medio día, lo típico de la época, arroz y frijoles como base alimentaria, ensalada (utilizando la huerta), huevo casero, (siempre habían gallinas) o carne, plátano maduro, tortilla y leche o fresco (más/menos un casado actual). Mamá, siempre trataba de hacer alguna variante, especialmente con el huevo (por producirse en casa, se usaba casi a diario), lo mezclaba con la flor o el fruto de las plantes del patio, itabo, chicasquil, tomate, raíz de chayote, piñuela, chile dulce…, con eso, además de variar el plato, le resultaba nutritivo y de menor costo. La carne era menos frecuente (a veces compraban o mataban alguna gallina y hacían un plato especial…). Siempre, al repartir la comida nos advertía, ‘botar comida es pecado, muchos la necesitan’. Así nos enseño a no abusar, llevar lo justo o menos y si es del caso pedir más, pero nunca botar. Aún ahora, a mis 75 años, al servirme o pedir un plato, me acuerdo de su frase ‘botar comida…’ y me sirvo poco o lo pido pequeño para cumplir… Refrigerio; a media tarde, hacia café o fresco con pan casero D’-Mina (recortes y…).  Cena; al final de la tarde, se acostumbraba la sopa (verduras o quelites o…) o, en vez de sopa, picadillo (chayote o papa o…), en ambos casos se acompañaba con arroz y un jarro de aguadulce y, hasta mañana, nos mandaban a dormir. Algunas veces, cuando papá tenía que salir a realizar alguna diligencia, Manolo y yo lo acompañábamos, pero, regresando no más, a la cama”.

“-Comentario: Con el pasar de los días y la aplicación de las nuevas rutinas, nos acostumbramos, nos familiarizamos con las nuevas reglas y, como niños, las disfrutábamos y nos sentíamos bien, ya no añorábamos nada. Sin embargo, pensando ahora en lo ocurrido, mis papás no habían podido acomodarse, pese a todos sus esfuerzos, algo no les funcionaba y, para poder seguir, necesitaban  un reacomodo y, dentro de su zozobra, posiblemente atendiendo algún consejo o recomendación, miraron un mejor panorama en Puntarenas y….”

 “-Nos fuimos para el puerto: En cierta ocasión, cuando tenía como cinco años, mis padres tomaron la decisión de irnos a vivir a Puntarenas; nosotros felices porque, recordando los paseos anuales, nos parecía una maravilla. Después de los preparativos respectivos (deshacerse de los animales, muebles,…, todo), alistaron maletas y partimos rumbo al puerto, disfrutando el viaje como siempre, llegamos muy contentos…

Al principio muy bonito, estábamos como de paseo, los tíos nos llevaban en bote a pescar y a visitar lugares,…. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, fue cambiando el panorama y ya no era tan bonito; a mí me dio sarampión y me tuvieron durante todo el mes de marzo en un cuarto totalmente cerrado, porque, según creencias, una venteadura podía ser fatal y, apenas  recuperándome, se contagió mi hermana Virgi y le aplicaron lo mismo a la pobre. 

Uno sentía que la cosa no andaba bien y se nos confirmo cuando, al recuperarse mi hermana, de inmediato nos regresamos para Alajuela”.

Comentario: “¿Por qué nos vinimos del puerto?  En ese momento no sabíamos, pero, para mí, después del encierro vivido por el sarampión necesitaba regresar y, por lo percibido, todos querían venirse, era lo mejor. Posteriormente, con el transcurrir del tiempo, cuando tías y tíos en sus visitas nos comentaban, fuimos conociendo la razón y era lógico, papá no pudo conseguir trabajo, todo era diferente, él no tenía clientela para su ocupación. Le consiguieron trabajo en el Muelle, pero, por falta de conocimientos y condición física, tampoco le resultó. No logró ambientarse y decidió regresar…”

Lo ocurrido en el Muelle: “Según nos contaban los tíos, le pasó por desconocimiento. Le consiguieron trabajo en la descarga de un barco cementero y, sin ninguna explicación, lo pusieron en la fila de descargadores y le dijeron siga la fila, mientras avanzaba observo la rutina y era muy fácil, pasar sacos de cemento del barco al carro del tren que estaban cargando y regresar a la fila. Pero, por pura suerte, cuando llegó al barco y cargó el saco le dijeron: ‘Éste está roto, llévelo al hospital’ y confundido preguntó ¿Al Hospital? y, bruscamente le dijeron, ‘SI‘ al hospital le respondieron. Por lo tanto, cumpliendo lo ordenado, se enrumbó hacia el Hospital San Rafael, ubicado frente al Muelle, no había caminado mucho cuando lo rodearon los guardas por intentar sacar el cemento… Al final se aclararon los nublados del día e indicándole el carro hospital a donde se llevaban los sacos rotos, se devolvió y lo entrego. Sin embargo, por la peligrosidad del sitio, no admitían gente sin experiencia en el trajín del Muelle y con lo anterior, hizo pública su inexperiencia. Por lo tanto, apenas llegando le hicieron la despedida “. 

“La llegada a Alajuela..., no teníamos casa, ni muebles, ni nada y….”
Continuará…

jueves, 26 de abril de 2012

Beto continuación


“Lo bueno de esa etapa: Los primeros años de mi infancia fueron muy lindos, como fui el segundo los viví en un grupo familiar pequeño, en donde, por la poca diferencia entre edades, compartíamos como hermanos y, por la equilibrada relación gasto-ingreso de mis padres, vivíamos con relativa tranquilidad y en un ambiente apropiado, apto para un grato y saludable crecimiento. De ese corto pero agradable lapso, recuerdo:”

“- La casa: ubicada a 250 m. Sur del Cementerio sobre la Calle Ancha (lado derecho),  llenaba las necesidades de espacio y presentación; tenía un patio de regular tamaño, al fondo del cual, además de la letrina, rosando el lindero Sur, pasaba una acequia que, entre otros fines, recolectaba las aguas de escorrentía. Era propiedad de don Toño, un señor dedicado al alquiler de casas con sello personal, todas, además de cuidadas, estaban pintadas de plateado y azul”.  

“- La presencia: Era un factor relevante, mamá siempre se preocupo por andarnos bien limpiecitos. A mí, por ser menor, me vestían con  las ropas que dejaba de usar Manolo, lo cual, por la edad, para uno era totalmente irrelevante, sólo me daba cuenta cuando, por ser su prenda predilecta, Manolo llegaba a reclamarla  y cuando eso ocurría, mamá, con la autoridad suprema, daba las explicaciones del caso y asignada la prenda a mi favor, eso, ser dueño de otra prenda, resultaba motivador. La ropa por mí dejada, con seguridad la usaron los otros hermanos, pero, por seguirme una hermana, el lapso entre uso y re-uso se duplicó y, olvidadas las preferencias, no había nada que reclamar.

“- El sustento: Ellos, mamá y papá, dentro de sus posibilidades, siempre trataron de darnos lo mejor (…, frutas, verduras, leche,…) y, durante ese lapso lo lograron, todos crecimos gratamente saludables.  (La leche, por manipularse en forma no tan higiénica como ahora, se tenía que hervir. El lechero, en uno o dos caballos, la traía en unos tarros grandes y, anunciando su llegada con un fuerte y largo silbido, iba de casa en casa entregándola y, usando una medida especial que andaba, pasaba la leche de los tarros al recipiente casero…. Imagínense,…).”

Un refrán alusivo al silbido mencionado: cuando una persona era muy alta o algún cuento se alargaba mucho o…..., no faltaba quién dijera: ‘Huy, es más largo que un silbido de lechero’.

“- Lo recreativo: era un factor muy importante y se puede dividir en dos: 1) Los juegos entre hermanos o en grupo con niños y niñas del vecindario, se aprendía a compartir. Y 2) Los paseos en grupo familiar, fortalecedores de la convivencia.

 “1) Los juegos: Por lo general eran en grupo (niños y niñas del vecindario); recuerdo que eran muchos juegos, entre ellos podría citar: Quedó, escondido, trencito, bola, tieso, casita, pulpería,…, (imitar la actividad de la casa, pulpería y otras),… En su mayoría eran juegos que, además de distracción servían para ejercitarse porque, en algunos, pasaba uno todo el rato corriendo.

Los juguetes, para entonces utilizados, eran muy artesanales y eso era lo que el niño nos traía, el caballo (cabeza de cuero y cuerpo de palo), el carro de madera (a veces confeccionado por el papá), la muñeca (celuloide o trapo), el juego de casita (set de utensilios imitando los caseros…).   Posiblemente por no conocer otros, los disfrutábamos y, cada Navidad, esperábamos al niño con alegría”.






“2) Los paseos: Por lo general, los domingos salíamos todos  a dar un paseo por la ciudad o algún lugar cercano y una vez al año, a Puntarenas a visitar los familiares por parte de mamá”. 

“2.1 -Unas veces íbamos al Parque Central, rodeado de árboles de  mango, con una fuente en el centro y, al lado Oeste, un hermoso quiosco donde, los domingos por la mañana, la Banda Municipal tocaba el ‘Recreo’. Llegaba mucha gente y, en grupos de conocidos, la chiquillería, incluyéndonos, se ponía a  jugar en las calles internas, era muy lindo”.

“2.2 -Otras veces, para variar, dábamos la vuelta completa por la calle ancha, para entonces el perímetro urbano, que lucía  muy diferente a la de hoy. Gran parte de ella estaba cubierta de zacate y rodeada de cafetales con hermosos árboles, era un ambiente en donde se respiraba tranquilidad. En el resto, donde ya la ciudad comenzaba a salirse de su perímetro, se localizaban algunas construcciones importantes, la mayoría aún en servicio  y, en los alrededores de ellas, se estaban formando pequeños barrios, por ejemplo: La Iglesia de la Agonía, el Estadio, el Hospital San Rafael con el Parque Palmares al frente, la Escuela República de Guatemala, el Cementerio General y el parque al frente, el Rastro o Matadero Municipal (hoy la Comandancia), y en el Sur, por donde hoy sale la Radial que conecta con el Aeropuerto y la Autopista, exactamente donde está la Estación de Servicio Shell, estaba la casa de Don Gordiano Corrales y, al frente de ella, había un enorme higuerón con todas sus ramas cubiertas de guarias, en la época de floración era un espectáculo, ahí se entretenía la gente admirando su belleza. Gracias al gran respeto a lo ajeno que existía, lo disfrutamos  por muchos años”.

“2.3 -También, ocasionalmente el paseo era fuera de la ciudad, por ejemplo cuando íbamos a visitar unos primos en la Guácima, para llegar había que caminar casi dos horas y, como tenían una finca grande, con caballos, ganado,…, se pasaba un día de campo muy bonito, luego por la tarde, caminar otra vez, casi dos horas, para regresar a la casa. Así, de vez en cuando y por lo general a pie, hacíamos ese tipo de paseo para visitar parientes o conocidos y nos gustaba mucho”.

“2,4 -El paseo predilecto: La familia de  mamá vivía en Puntarenas y por lo menos una vez al año los visitábamos; íbamos en tren y, aunque habían ventas de comida a lo largo del trayecto, posiblemente por economizar, mamá preparaba comida para llevar (tortillas, frijoles molidos, huevo duro o en torta, salchichón,…, y fresco), con eso, durante las casi tres horas del viaje, la pasábamos muy bien, disfrutando el paisaje y comiendo… En el puerto, la abuela, las tías y los tíos cuando estaban, nos chineaban y se preocupaban por complacernos. Era muy agradable”.

Comentario: Puntarenas era una ciudad bonita y con una playa atractiva, relativamente cercana a la meseta central y, sobre todo, con la comodidad del ferrocarril (se podía ir y regresar el mismo día). Lo anterior Vs la escasa infraestructura vial de la época para viajar por el país, la convirtió en la más visitada de la época, los fines de semana se llenaba, en ese tiempo  la llamaban ‘La playa de los ticos’…”.

“- Lo formativo; también era de gran importancia para ellos y, por su poca preparación, nos transmitían todos sus buenos hábitos que, por tradición oral, aprendieron y practicaron. Aquí también debemos resaltar dos aspectos: 1) –La comunicación de sus costumbres utilizando la tradición y el buen ejemplo. Y 2) –Los métodos correctivos que, por tradición, utilizaban. ”

“1) – La comunicación de sus costumbres; a su manera y sin desperdiciar oportunidad, por el método de la inculcación, nos fueron induciendo hacia los buenos hábitos o sea, sin mencionarlos,  nos enseñaron los ‘VALORES’. Con frases alusivas, tradición oral, repetidas cuantas veces se diera la oportunidad, nos formaron y gracias a ello, logré ser lo que soy.

En el transcurso de las vivencias, cuando se presente la oportunidad, utilizaremos esas frases, ahora, como ejemplo, les daré unas dos: ‘Cada uno es libre de hacer lo que quiera, siempre y cuando no afecte a otros’, se las enseñaron y nos las enseñaron para hacernos ver que, siempre, aunque sean nuestros derechos, debemos respetar a los demás... La frase más parecida a ella, que he visto, es la de Lacordaire: ‘La libertad es el derecho a hacer lo que no perjudique a los demás’. Otra frase de ellos: ‘Tirar basura al suelo es ensuciar la ciudad’ y, como para entonces, la ciudad se mantenía muy limpia, cualquier basura la cargaba uno hasta encontrar un basurero, enseñanza que aún practico. La frase más parecida que he oído, es un Proverbio ruso que reza ‘Si cada uno barriera delante de su puerta, ¡que limpia estaría la ciudad!’.”

Comentario: “Lástima que esos buenos hábitos, muchos los han olvidado o nunca los aprendieron…, porque, sin respetar nada ni a nadie, han hecho lo que les da la gana y, tirando sus desechos, a las ciudades-ríos y mares…  en basureros los convirtieron. Que pena con nuestros descendientes. ”

“2) –Los métodos correctivos, por tradición utilizados, eran muy drásticos y, sin duda, la mayoría dejaban secuelas. No debemos culpar a los padres, ellos lo hacían de buena fe, pero sí a esas costumbres que los inducía a corregir ‘tundeando‘.

Cuando nos reuníamos las niñas y niños del vecindario para hacer niñerías y sencilla e inocentemente jugar imitando lo aprendido (casita, pulpería, doctor,…). Los vigilantes padres, al observar con mente adulta,  a veces mal interpretaban nuestras actuaciones y, sin razón alguna, llegaban y nos tundeaban o sea, nos daban un mensaje confuso. 

La actuación inocente de un niño Vs la interpretación maliciosa de un adulto.

Era un método tajante,  faltaba comprensión y diálogo. Sin duda, aconsejar es lo mejor.  Para ilustrar lo afirmado, dos casos de los muchos que, por no entender, siempre recuerdo con recelo”.

“--Una vez, Jugando de casita con el grupo, mi hermana era la chiquita y yo el doctor. En el transcurso del juego, ella se enfermó y me correspondió atenderla, por relacionar al doctor sólo con las inyecciones,  llegué directo a inyectarla e imitando lo visto, le levanté el vestido, le bajé un poquito el calzón y le puse la inyección en el glúteo. No había terminado mi actuación, cuando llegó mamá con la faja y, sin saber porque, recibimos una fuerte tunda, yo por hacerlo y ella por permitirlo. Mamá como  adulta vio algo que, como niños, nosotros no vimos y, con su método correctivo,  sólo generó confusión y una interrogante; ¿Será malo ser Doctor?

“—En otra ocasión, en uno de los juegos de correr, caí en la acequia que rosaba el lindero sur del patio, para mí era profunda (me cubrió totalmente) y no podía salir, me ayudó mi hermano Manolo jalándome del pelo y, apenas estuve a salvo, mamá me tomó de la mano y a fajazos me llevó hasta la casa, mi tía Gela (hermana de mamá), quien estaba de visita, salió en auxilio de su sobrino favorito y al preguntarle, ¿por qué le pegas?, ella respondió, para que se caliente y no se le hiele la sangre. Yo no entendí, pero, por la tunda recibida, ‘me traumé con el agua’. Medio aprendí a nadar para protegerme en una eventualidad, pero, la natación, nunca ha estado en mis planes”.

Comentario: “Así fueron los primeros años de mi infancia, pero, acontecimientos mundiales, nacionales  y familiares, fueron cambiando las condiciones y, para poder continuar, no quedo más remedio, fue necesario realizar cambios y… ”

Continuará.

martes, 17 de abril de 2012

Cambio de ángulo


Don Jorge al mencionar que, durante la revolución del 48, la construcción de la planta tuvo algunas interrupciones, incluyendo su arresto por haber caído en una trampa…. Acabó diciendo:

  ………” Terminemos hasta ahí con Heredia y luego entremos a hablar de la creación del ICE

Esta propuesta de Don Jorge, ‘… terminar con Heredia y…… hablar de la creación del ICE, está justa en el límite para el cambio de ángulo; porque, recuerden, el “Proceso de Electrificación” se suspendió al finalizar la Primera Época y su reinicio será justo con la creación del ICE. Por eso, siendo la “Guerra Civil del 48” el móvil del cambio o hecho histórico que delimitó dos épocas antagónicas, para completar sus precedentes antes de referirnos a sus consecuentes (ICE uno de ellos)  y así conservar el paralelismo de las narraciones, suspenderemos los testimonios de Don Jorge, ángulo superior, e iniciaremos las vivencias de “BETO”, el personaje que habíamos creado para hacer un recorrido por el ángulo inferior, dándole oportunidad de avanzar hasta ese límite, “Guerra Civil del 48”.



RECORDATORIO
Para no perdernos con el cambio, conviene recordar, someramente, lo antes visto al respecto: Cuando hablamos de “VIVENCIAS”, dejamos dos puntos claramente definidos.

1.     EL PLAN; con sus límites, sub-límites y etapas, valoración de etapas, uso de nombres hipocorísticos, “Beto” como personaje…

2.     EL ESCENARIO; para enmarcar el ejercicio en la realidad, lo establecimos reseñando lo vivido de esa Costa Rica de la primera mitad del Siglo XX. Resaltando su belleza natural e igualmente sus carencias.

También vimos que, para revivir lo actuado convincentemente, es necesario recorrer las dos rutas por donde se dio el avance: Por un lado, el “PROCESO DE ELECTRIFICACIÓN”, facilitador del desarrollo, y por el otro, “LOS ESFUERZOS Y LOGROS DE LA POBLACIÓN”, ahuyentadores de la pobreza de esa época. 

Para desarrollarlos, establecimos dos ángulos: El superior, donde se aportan ideas y se toman decisiones y su opuesto o inferior, donde la población se afecta o beneficia con los resultados.

El Proceso y el superior ya avanzaron hasta la Guerra Civil del 48, de ahí que, para mantenernos en paralelo, Beto, narrador del inferior, avanzará hasta ese límite.



“BETO”
GENERALIDADES

-Como habíamos dicho: Nació el 26 de abril de 1937, a las 5:30 a.m., en la ciudad de Alajuela. Era una Costa Rica muy diferente a la de hoy, naturalmente bella-limpia-segura-…, pero, por los hechos ocurridos desde el inicio del siglo XX hasta esa fecha, las condiciones económico-socio-culturales eran de subdesarrollo y pobreza. Entre otros: -La primera guerra mundial. -La depresión de los años treinta. -El modelo agroexportador en crisis (café y banano). -Aunado a los movimientos de cambio y reforma de los años cuarenta… y para remachar, apenas comenzando a vivir, vino la segunda guerra mundial (1939-1945) y luego la guerra civil del 48…

-Ante esas condiciones, subdesarrollo y pobreza, para acercar la narración a las penurias vividas en ese entonces, considerando sus ingresos, dividiremos el grupo social así:

      I.         Las familias con un ingreso mensual fijo,  producto de una actividad estable (Por su preparación y/o formación…, se dedicaban a su negocio, empresa, profesión, oficio, empleo,…,), el cual les permitía presupuestar sus gastos Vs ingreso y, cada uno a su  nivel, se programaba para cumplir. Algunos, por sus bajos salarios, vivían ajustados, pero, seguros de cumplir con lo básico.

    II.         Las familias sin un ingreso mensual fijo, producto de actividades inestables (Por poca o ninguna escolaridad, se dedicaban a la venta de servicios y/o artículos u otras actividades temporales,…), vivían en incertidumbre ‘gastos fijos Vs ingreso incierto’. A falta de un plan, iban a como dice el dicho: ‘Coyol quebrado, coyol comido’ y también, en las malas, había quienes aplicaban el otro dicho: ‘Como cuando hay y aguanto cuando no hay’. A este subgrupo pertenecían muchas familias, las cuales, por su ignoto futuro y  pocas oportunidades, caían en un estrato social bajo y conforme crecían en número (la mayoría eran muy numerosas), se les agravaba su situación. “Beto”, con sus vivencias, nos ampliará el tema.
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Dice “BETO”
“Esa costa Rica antes reseñada, con todos sus cambios hasta llegar a la de hoy, la he disfrutado a lo largo de mis casi 75 años de existencia y, narrándoles mis experiencias en cada una de las etapas del proceso de envejecimiento del cuerpo, testificaré su historia. En las buenas y en las malas, con el único fin de revivir la época, trataré de narrar lo ocurrido, de transmitir lo vivido sin vanaglorias ni lamentos. Si alguna de estas vivencias llegara a ser de utilidad, a por lo menos una o uno de mis sucesores, vale la pena el esfuerzo. A mis contemporáneos les pido, avalar y/o ampliar las vivencias”.




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Esta gráfica, con las etapas de la vida que mencionó “BETO”, les puede servir para ubicarse cuando narre sus experiencias.  

Imagen cortesía de click-costarica



LA NIÑEZ (Primera etapa, entre  0 y 7 años aprox.):

“- En la primera etapa de mi vida, no sabía nada de nada, actuaba de forma sencilla e inocente,… Y, al estar en formación todo era aprendizaje que, positiva o negativamente, se gravaba en lo profundo. Por eso, algunos mensajes confusos de esa época, creo que nos afectaron…. En mi caso tengo varios, conforme llegue el momento se los cuento”.  

“-Mis primeros recuerdos; esos que, por compartir el día a día con ellos, se convierten en nuestros primeros conocimientos, son los de la familia: mamá, papá, hermano, hermana,… Rememorando lo agradable y lo molesto de esos años de infancia, de mi familia y las vivencias con ellos compartidas, puedo contarles que”:

 “-Nací en el hogar formado por mis padres, Mado y Mina, y el primogénito de ambos, mi hermano Manolo;  correspondiéndome ser el segundo hijo de esa linda familia y, a la sazón, la atracción de todos. Pero, con las constantes visitas de la cigüeña, poco a poco fui perdiendo actualidad hasta llegar a ser uno más del montón, diez hermanos y cuatro hermanas. Al principio, mientras fuimos pocos, todo marchaba bien; pero, al crecer en número, lógicamente cambió: Mantiene ingreso y aumenta número, disminuye ración”.

-“La prole mencionada se fue integrando así: Manolo, ‘Beto’, Virgi, Chus, Nechón, Ceci, Nando, Ger, Carmela, Man, Lupe, Caliche, Mayito  y Chepe, más o menos cada 18 meses nos visitaba la cigüeña. Luego, por enfermedad o accidente,  emprendieron  el viaje: 
 (+) Chepe, Nechón, Mamá, Nando, Papá, Chus, Lupe, Ger, Man  y Manolo (+). Actualmente, sólo somos seis, “Beto”- Virgi – Ceci – Carmela -, Caliche y Mayito. De los cuales  soy el mayor y ahora, con la relación adulto-adulto, hermaneamos más”.

-“Mis padres; con conocimientos apenas para defenderse (tercer o cuarto grado máximo), dentro de su sencillez y escasez, lucharon por darnos, según su entender y/o tener, siempre lo mejor. Sus intenciones eran buenas y en alto porcentaje acertadas, pero, con todo respeto y sin ningún rencor debo manifestar que, aunque eran costumbres a este nivel utilizadas como ‘formadoras’, algunas de ellas por su rudeza, lejos de corregir, afectaban negativamente lo formativo. Gracias a Dios estas generalizadas costumbres ya no se aplican. 

Eran católicos muy creyentes y, por falta de otros conocimientos, se basaban en lo religioso para formarnos. Por eso, cuando en nuestros juegos o deberes, a criterio de ellos hacíamos algo malo, sin mediar explicación o consejo, nos lo hacían saber con una tunda, la justificación era ‘lo prefiero en pedazos en el cielo que entero en los infiernos’, sin duda, fanatismo religioso”.

“-Papá, era de baja estatura, muy casero y, de niño, lo recuerdo cariñoso, siempre, cuando por alguna razón tenía que salir, Manolo y yo lo acompañábamos y, si era entre tarde y noche, acostumbraba protegernos del frio cubriéndonos con la falda del saco, nunca se me olvida, uno a cada lado en piña de tres. En lo laboral,  un obrero que se dedicaba a dar mantenimiento a las casas (albañilería, carpintería,  pintura, tapiz,…), una actividad temporal y contractual (lo hacía por contrato) o sea, no tenía trabajo fijo. Por eso, cualquier bajonazo en la economía, lo afectaba, la gente corría el mantenimiento para después y, lógico, en casa se bajaban los ingresos. También tenía unas ‘marionetas’ y, buscando un ingreso extra para aliviar la carga, los sábados y domingos hacia presentaciones en diferentes partes del país. Siempre buscó el sustento  familiar”.

“-Mamá, era alta, muy activa y estricta, su ocupación ama de casa. Pero, buscando el cinco como ella decía, con doble función, además de los quehaceres del hogar, horneaba diferentes panes para vender y otras actividades generadoras de ingresos extra para contribuir con los gastos que, con cada visita de la cigüeña, se incrementaban. Cantaba muy bonito, a las vecinas les gustaba que lavara, porque, cuando lavaba pasaba cantando y alegraba el vecindario. Era muy solidaria, aunque la carga de la casa cada día era mayor, ella siempre tenía para dar, de ahí que, todos los personillas de la ciudad (Lolito, Jorgito, Moncha, Nachito,…), siempre pasaban y le gritaban ‘Mina café’ y ella, que les tenía un jarro a cada uno, les daba el cafecito con pan y, ellos, contentos,…  También era sobadora,  cuando alguien llegaba con ‘pega’ (trastorno digestivo)- golpe o torcedura, ella lo masajeaba y salía bien. En resumen, tenía poca preparación pero muchas cualidades y sobre todo, alto espíritu de servicio”. 

COMENTARIO: “Ahora, por lo vivido, con toda propiedad puedo decir que, esos familiones de antes, no son recomendables. En una familia como la nuestra, con catorce hijos y  una diferencia de edad entre el mayor y el menor de poco más devveinte años, legalmente somos hermanos por tener los mismos padres, pero nunca por haber disfrutado como tales.. Por eso, considerando la relación niño-niño, en nuestra familia hubo como tres grupos de hermanos, los mayores-los intermedios y los menores, luego les narro los pro y los contra de eso.” (Continuará)
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